Me he alimentado de tal manera,
que ya mi alma no encuentra
un espacio vacío.
Me encuentro tan lleno
que ya no aguanto.
Pero no pierdo el apetito
y eso ha comenzado a hacerme daño.
Me he convertido en un ser
“Bulímico de la vida”...
Expulso ahora todo lo que me llena
sin parar mi hambre...
y en cada expulsión, provocada o involuntaria,
me desgarro por dentro.
Es terrible vivir así,
¡Si es que lo estoy haciendo!.
Busco terapia y necesito voluntad,
¡Urgente! Antes de que me alcance la muerte.
Tal vez, una receta de abuela.
Quizá, algo de picante o ácido
que le ponga a mi vida.
O puede que la anorexia me quite la bulimia
antes que la vida...
o me brinde el mismo resultado.
¡Quién sabe! a lo mejor tal resultado
no sea tan malo o la bulimia no es tal,
mas bien sea una solitaria
lo que consume mi alma.
Y de seguro, no estaré tan lleno
como he llegado a pensar
sino casi vacío y aun más enfermo.
¡Estoy muriendo desde adentro!
Desconozco la cura para mi mal,
mis esperanzas están sembradas
en la medicina natural;
radiación de los astros... polvos de estrellas.
En flor o en mineral,
líquido o sólido el fármaco,
de a poco o de a mucho
pero es preciso que sea ya...
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Lo que fuese ayer...
Antes de que el aura me azotara con su pasión,
la brisa morena y dulcemente serena
llego ha acariciar mi cabellera, y mis mejillas a besar,
para marcharse dejándome las inmensas ganas
de que lo que fuese ayer, fuese hoy...
Se marchó, así. Para perpetuar.
Fue tan sutil y tan... no sé...
Tan indescriptible e inesperada
que se marchó dejándome tanto y tan poco.
Perpetuando en mi ser
con un sabor, a otra vez, a un: ¡ De nuevo..!
Recuerdo que irrumpió en un tiempo
en que el sol se hallaba cegado de tristeza,
y de vez en cuando la luna lloraba conmigo.
No tenía rosas azules y la tarde lo llenaba todo.
Y en su breve paso le sacó una sonrisa al sol
Disipando las nubes negras y frías...
A su partida, hubo un intermedio que nunca fue.
Primero con suavidad y dulzura,
después con pasión, incoherencia y locura.
El sol perdió la fuerza que le hacia brillar
y la luna se veía tan triste, que pena causaba.
Ante la tarde, se abría paso el amanecer.
Llegó el aura, dejando melancolía en la noche
y un profundo miedo en las cadenas de un fantasma
que se paseaba en mi cuarto, convirtiéndome en noctámbulo.
Dejándome una rosa azul cada amanecer
y la fortuna en mi cielo, de una nueva constelación...
En ese tiempo, también le perdí las ganas a la vida.
Me sobrevino la muerte entonces...
haciendo que abriera mis ojos y cerrara mis palabras.
Comenzó lentamente a morir el peregrino
en los brazos de un poeta de pluma fría
que le escribía al recuerdo del olvido.
En ese instante, decidí regresar el ayer...
Hace ya tres meses de ello y el ayer
se ha hecho hoy... la luna me sonríe allá afuera,
el sol ha comenzado a brillar como antes,
y se ha revivido la sensibilidad del poeta.
Aunque estuvo cerca de perderse otra vez y para siempre
encontré a la brisa morena y he llegado a retratarla.
Lo que fuese ayer, se ha hecho hoy
y de seguro se convertirá en mañana...
y el intermedio entre el ayer y el hoy
que nunca fue, ahora será.
la brisa morena y dulcemente serena
llego ha acariciar mi cabellera, y mis mejillas a besar,
para marcharse dejándome las inmensas ganas
de que lo que fuese ayer, fuese hoy...
Se marchó, así. Para perpetuar.
Fue tan sutil y tan... no sé...
Tan indescriptible e inesperada
que se marchó dejándome tanto y tan poco.
Perpetuando en mi ser
con un sabor, a otra vez, a un: ¡ De nuevo..!
Recuerdo que irrumpió en un tiempo
en que el sol se hallaba cegado de tristeza,
y de vez en cuando la luna lloraba conmigo.
No tenía rosas azules y la tarde lo llenaba todo.
Y en su breve paso le sacó una sonrisa al sol
Disipando las nubes negras y frías...
A su partida, hubo un intermedio que nunca fue.
Primero con suavidad y dulzura,
después con pasión, incoherencia y locura.
El sol perdió la fuerza que le hacia brillar
y la luna se veía tan triste, que pena causaba.
Ante la tarde, se abría paso el amanecer.
Llegó el aura, dejando melancolía en la noche
y un profundo miedo en las cadenas de un fantasma
que se paseaba en mi cuarto, convirtiéndome en noctámbulo.
Dejándome una rosa azul cada amanecer
y la fortuna en mi cielo, de una nueva constelación...
En ese tiempo, también le perdí las ganas a la vida.
Me sobrevino la muerte entonces...
haciendo que abriera mis ojos y cerrara mis palabras.
Comenzó lentamente a morir el peregrino
en los brazos de un poeta de pluma fría
que le escribía al recuerdo del olvido.
En ese instante, decidí regresar el ayer...
Hace ya tres meses de ello y el ayer
se ha hecho hoy... la luna me sonríe allá afuera,
el sol ha comenzado a brillar como antes,
y se ha revivido la sensibilidad del poeta.
Aunque estuvo cerca de perderse otra vez y para siempre
encontré a la brisa morena y he llegado a retratarla.
Lo que fuese ayer, se ha hecho hoy
y de seguro se convertirá en mañana...
y el intermedio entre el ayer y el hoy
que nunca fue, ahora será.
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